Templo Romano | Monumentos de Córdoba

Templo Romano de Claudio Marcelo - Columnas - Cordoba - Monumento
Templo Romano de Claudio Marcelo – Columnas – Cordoba – Monumento

 

Junto al Ayuntamiento de Córdoba se encuentra situado el único templo romano del que nos ha llegado evidencia arqueológica. Dedicado al culto imperial, asombra por sus grandes dimensiones. Formó parte del Foro Provincial junto con un circo.

Originariamente estaba elevado sobre un podio y contaba con seis columnas exentas de tipo corintio en su entrada. Frente a ésta se levantaba el ara o altar. La reconstrucción, llevada a cabo por el arquitecto Félix Hernández, ha portado a Córdoba una muestra más de la grandiosidad de esta urbe en época romana. Algunas de las piezas originales del templo se encuentran expuestas en el Museo Arqueológico o en inusuales y bellos rincones de la ciudad, como la columna estriada de la plaza de la Doblas.

Se trata del único edificio de uso religioso de época romana que ha sido identificado de una forma clara hasta este momento en Córdoba. Sus restos están situados en el solar que hace esquina entre las calles Claudio Marcelo y Capitulares, en las inmediaciones del actual edificio del Ayuntamiento de la ciudad.

 

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Desde hacía ya varios siglos se venían detectando en esta zona, que ya en el siglo XVI se conocía con el sugerente nombre de “Los Marmolejos“, abundantes restos arqueológicos, destacando la presencia de mármoles, fustes de columnas, capiteles, etc.

En 1951 se iniciaron las primeras excavaciones, dirigidas por Samuel de los Santos, director del Museo Arqueológico, y Félix Hernández, arquitecto. Antonio García y Bellido, a partir de 1958, se sumó a las investigaciones y a él se debe la interpretación de que los restos que estaban aflorando correspondían a los cimientos de un gran templo romano, elevado sobre un “podium“. En 1985 se reanudaron las excavaciones, que habían quedado antes interrumpidas, ahora bajo la dirección de José Luis Jiménez Salvador.

Este gran templo cordobés revela, por sus dimensiones, el ánimo ambicioso que albergaban sus promotores, conscientes de la grandiosidad del edificio. Es un templo pseudoperíptero, hexástilo y corintio, de 32 metros de largo por 16 de ancho. Su línea general debió ser muy similar a la que ofrece la “Maison Carrée“, de Nimes (Francia), si bien las dimensiones del templo de Córdoba son mayores. Para poder levantar el edificio fue preciso construir una gran terraza artificial que permitiera salvar el importante desnivel que existe en esta zona, que el visitante podrá apreciar claramente todavía hoy día. Para contener esa gran masa de relleno artificial y evitar posibles desplazamientos de tierras se levantó un muro de contención con retrancamientos en zig-zag. De esta forma, encontramos en Córdoba uno de los escasos ejemplos que se han conservado de “anterides” o muros de contención, cuyo uso recomendaba Vitrubio. Un caso similar se ha detectado, igualmente, en el Palatium Bajo Imperial excavado en Cercadilla.

 

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Los vestigios del templo de Córdoba que actualmente puede contemplar el visitante se deben a la reconstrucción que el arquitecto Felix Hernández llevó a cabo acerca de las estructuras descubiertas. “Gracias a los restos conservados de la escalera del edificio, así como del altar y del pavimento original del espacio dispuesto delante del templo, Hernández pudo calcular con bastante aproximación la cota desde la que arrancarían las basas de las columnas. Como esta cota teórica no coincide con la de la cimentación conservada, tuvo que recuperar el volumen de cimientos que faltaban mediante la construcción de una serie de pilares de ladrillo sobre los que apoyaban las columnas. La restitución de las columnas se materializó con elementos de nueva construcción, utilizándose tan solo tres capiteles originales. Para la fabricación de los elementos nuevos se empleó un núcleo central de hormigón armado, mientras que las partes exteriores, como las molduras de las basas, las estrías de los fustes o la decoración de los capiteles corintios fueron realizados con ayuda de moldes” (José Luis Jiménez Salvador, 1990).

El templo, de época Flavia, presidía una plaza porticada y, probablemente, estuvo consagrado al culto imperial. La cimentación se realizó en “opus quadratum“, utilizándose “opus caementicium” para la escalera. La decoración exterior estaba realizada en mármol.

Al levantar este gran edificio, la muralla oriental de la ciudad quedó, en la práctica, obliterada. Ello nos confirma, como ya antes comentamos, que en ese momento Córdoba era una ciudad en expansión y que en el contexto de la “Pax Romana” Alto Imperial las murallas, realmente, sobraban.

 

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Por su situación en uno de los extremos de la ciudad, en una zona de fuerte pendiente y levantado sobre una gran terraza artificial que todavía le daba más altura, el edificio debía tener una visibilidad óptima para los viajeros que acudían a Córdoba utilizando la Vía Augusta, que precisamente entraba en la ciudad por la Puerta Oriental de la muralla, situada en las inmediaciones del templo, en la zona del actual Ayuntamiento.

Eso mismo ocurre, por ejemplo, en Baelo Claudio (Bolonia, Cádiz), en donde la ubicación de sus templos más característicos busca conseguir, precisamente, un efecto similar de cara a los navíos que se acercaban a la ciudad. En Italica (Santiponce, Sevilla), por su parte, el templo consagrado al Divino Trajano se sitúa, de la misma forma, en el punto más álgido de la ciudad, donde la visibilidad era también óptima.

Los capiteles del templo cordobés, de gran tamaño y calculados para ser vistos de lejos, producen un intenso efecto de claroscuro, con sus prominentes volutas y hélices. En el Museo Arqueológico podrá el visitante contemplar algunos de ellos. En la Plaza de las Doblas y en los Jardines de Agricultura se encuentran, igualmente, diversos troncos de fustes de columnas procedentes de este mismo yacimiento arqueológico.

 

CORDOBA. 3/12/13. APERTURA DEL TEMPLO ROMANO CON NUEVA ILUMINACION ANEXO AL AYUNTAMIENTO DE CORDOBA. FOTO: VALERIO MERINO. ARCHCOR.